miércoles, 14 de mayo de 2014

Liberación de Homs, principio del fin de la agresión contra Siria



Los acontecimientos se siguen y se contradicen en Siria. A inicios de 2014, Washington sonreía al apadrinar la organización de la conferencia de paz Ginebra 2, mientras la saboteaba entre bastidores y cedía a todas las exigencias de Arabia Saudita. Aquello parecía indicar que la guerra se prolongaría mientras los países de la OTAN y del Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) siguiesen financiándola. Sin embargo, un proceso de negociaciones de paz ha venido avanzando secretamente, desde hace 2 meses y por iniciativa de Irán. Su primer fruto es la liberación de Homs, que podría marcar el inicio del fin de esta guerra de agresión.

Para una mejor compresión es conveniente rememorar el discurso oficial y situar en el marco de esta cronología los indicios de las negociaciones que se desarrollaban en aquel momento. Esto me dará también la oportunidad de corregir declaraciones anteriores que no podían conocerse por completo debido al secreto que rodeaba los contactos.

Cuatro meses de la guerra contra Siria

A inicios de enero, Washington estableció su estrategia para Siria. El presidente Obama reunió el Congreso –en secreto– y le hizo votar fondos para financiar la guerra hasta el final del año fiscal, o sea hasta septiembre. Este procedimiento inhabitual e indigno de un Estado supuestamente democrático se aplicó en secreto y a espaldas de la opinión pública estadounidense. Si logramos conocerlo fue únicamente a través de un solitario despacho de la agencia británica Reuters. Los congresistas estadounidenses autorizaron el envío de armas a los grupos «de oposición moderada», pero sin identificar a esos famosos grupos porque en el terreno todos los grupos de la oposición armada, sin excepción, perpetran todo tipo de atrocidades en nombre de su propia visión del islam.


En aquel mismo momento, el príncipe saudí Bandar Ben Sultan, jefe indiscutible de Al Qaida desde el verano de 2001 y consejero de seguridad nacional del Reino de Arabia Saudita, era internado en un hospital estadounidense. Se rumoreaba que iba a caer en desgracia ante el rey Abdulá por no haber logrado derrocar al presidente sirio Bachar al-Assad en el plazo de 6 meses que se le había dado para lograrlo.

En Turquía, la justicia trató de determinar de qué manera el primer ministro Recep Tayyip Erdogan hacía llegar a Al Qaida grandes sumas de dinero malversado. Las investigaciones apuntaron a la IHH, la asociación humanitaria de la Hermandad Musulmana.

Después, EEUU saboteó la conferencia de paz Ginebra 2, que co-auspiciaba junto a Rusia. El día antes del inicio de la conferencia, el secretario de Estado John Kerry obligó al secretario general de la ONU Ban Ki-moon a anular la invitación ya debidamente enviada a Irán. En la conferencia, el propio Kerry presentaba una delegación de la llamada «oposición siria» limitada a sólo los miembros de la Coalición Nacional, o sea única y exclusivamente a los colaboradores de Arabia Saudita. En su discurso de apertura, el secretario de Estado repetía la más burda propaganda de guerra, describiendo el estallido en Siria de una «revolución» después de las torturas supuestamente infligidas a un grupo de adolescentes en Deraa y hablando de «horribles informes» sobre torturas y miles de ejecuciones.

Así que la conferencia Ginebra 2 no pasó de ser un diálogo de sordos entre una delegación nacional siria que exigía como condición previa la condena del terrorismo, en aplicación de las resoluciones de la ONU, y una delegación pro-saudí que profería todo tipo de acusaciones descabelladas contra los representantes de Damasco. Cosa extraña, los debates se hicieron particularmente intensos alrededor de un punto aparentemente secundario: el destino de los ocupantes de la parte antigua de la ciudad de Homs. Las fuerzas armadas sirias asediaban otras localidades y algunos puntos de Homs pero los pro-saudíes querían a toda costa que las organizaciones humanitarias pudiesen entrar únicamente en la parte antigua de la ciudad de Homs.


El 15 de febrero de 2014, Lakhdar Brahimi, representante especial del secretario general de la ONU Ban Ki-moon y del secretario general de la Liga Árabe Nabil el Arabi, suspendió las negociaciones sine die después de haber comprobado que la República Árabe Siria no estaba dispuesta a ceder ya que la situación en el terreno era ampliamente favorable al Estado sirio.

Durante las 3 semanas que duró la conferencia, EEUU había tomado por otro lado la iniciativa de dialogar con sus amigos saudíes y, posteriormente en Polonia, con sus aliados europeos para incitarlos a tomar medidas de protección ante el posible regreso de los yihadistas. El 6 de febrero, el secretario de Seguridad de la Patria (Homeland Security) Jeh Johnson, había explicado a sus homólogos que la paz se acercaba y que los occidentales que se habían ido a participar en la yihad en Siria regresarían entonces sedientos de sangre y dispuestos a cometer crímenes en Europa y EEUU. El primer país en obedecer fue Arabia Saudita, que prohibió por decreto la participación en la yihad y anunció penas de 4 a 20 años de cárcel. Vino después el turno de Francia, que adoptó el 23 de abril un amplio plan antiyihadista. Ese día se distribuyó a la prensa francesa una serie de estadísticas falsas anunciando que unos 10 000 occidentales y 5 000 árabes estaban luchando en Siria, cuando Lakhdar Brahimi hablaba en 2013 de 40 000 combatientes extranjeros y fuentes militares sirias mencionaban un estimado de 120 000.

Poco después del inicio de esta campaña, la Unión Europea confiscó los fondos sirios que había congelado anteriormente, supuestamente para utilizarlos en el financiamiento de la destrucción de las armas químicas y violando así una resolución de la Organización para la Prohibición de Armas Químicas (OPAQ) que reconocía la incapacidad financiera de Siria para pagar la destrucción de ese armamento y creaba un fondo internacional especial destinado a ese fin.

Todas esas maniobras, Washington las discutió con sus aliados durante una reunión secreta del Consejo de Seguridad Nacional de EEUU realizada en la Casa Blanca con los jefes de los servicios secretos europeos, según reveló en su momento el Washington Post.

En el plano militar, Arabia Saudita negoció un cese del fuego entre grupos armados que luchaban entre sí por simples cuestiones de rivalidad. La interrupción de esas hostilidades no duró mucho. Se reiniciaron entonces los combates entre grupos armados opuestos al gobierno sirio. Pero se confirmó así que el reino saudí se ha convertido en la única entidad capaz de hacerse obedecer por la «oposición armada». Y de paso se supo también que el Emirato Islámico de Iraq y Siria (EIIS, también conocido en árabe como Daesh) se halla bajo las órdenes directas del príncipe Abdul Rahman al-Faisal, hermano del ministro de Relaciones Exteriores de Arabia Saudita.

El 22 de febrero, los occidentales obtuvieron en el Consejo de Seguridad de la ONU la adopción de una resolución sobre la ayuda humanitaria en Siria. El embajador ruso Vitali Churkin subrayó que la adopción de dicha resolución se producía luego de múltiples intentos occidentales de utilizar dicha ayuda para derrocar el gobierno sirio. En realidad sólo se reunió un 7% de los fondos necesarios para esa ayuda. El 75% de la ayuda es distribuida por la República Árabe Siria mientras que sólo el 25% restante se distribuye a través de las agencias de la ONU. Pero, en la práctica, los grupos de la oposición armada no respetan esa resolución de la ONU, lo cual tiene como resultado que la República Árabe Siria es el único beligerante al que se le prohíbe asediar las regiones bajo control de sus adversarios.


El 27 de febrero sube el tono de la disputa entre Arabia Saudita y Qatar sobre la Hermandad Musulmana. Riad plantea una serie de exigencias y organiza un atentado en Doha.

Es entonces cuando comienzan los contactos secretos sobre la evacuación de los elementos armados atrincherados en la parte antigua de la ciudad de Homs.

A mediados de marzo, el nuevo embajador de EEUU para Siria, Daniel Rubinstein, ordena el cierre de las representaciones consulares sirias en territorio estadounidense. Posteriormente, en ocasión de la visita del presidente de la Coalición Nacional a la Casa Blanca, el mismo embajador Rubinstein anuncia que Washington concede el estatuto diplomático a ese grupo de oposición controlado por Arabia Saudita, pero sin romper por ello las relaciones diplomáticas con la República Árabe Siria en las instancias internacionales.

El 21 de marzo, el ejército de Turquía –país miembro de la OTAN– penetra en territorio sirio prestando apoyo a nuevos grupos de yihadistas en la toma de la ciudad siria de Kassab. Cuando la aviación siria trata de salvar a la población armenia de esa ciudad bombardeando a los yihadistas, los turcos derriban un avión sirio. Armenia y todos los Estados miembros de la OTSC protestan –sin ser escuchados– ante lo que parece la continuación de la masacre de armenios cometida por los Jóvenes Turcos en 1915. Cuando Rusia lleva el asunto al Consejo de Seguridad de la ONU, los países occidentales se niegan a condenar esa violación flagrante de la soberanía siria cometida por un país miembro de la OTAN.

A finales de marzo, Arabia Saudí y Qatar llegan a un acuerdo. Doha retirará paulatinamente su respaldo a la Hermandad Musulmana, cuyos líderes extranjeros son invitados uno a uno a salir del emirato. Sus representantes serán además excluidos de la Coalición Nacional Siria. Con vista a restaurar su propia imagen, Qatar se plantea incluso la creación de un nuevo canal de televisión encargado de atenuar la imagen de Al Yazira.

El 3 de abril, los 11 sobrevivientes del grupo de «Amigos de Siria» se pronuncian en contra de la realización de una elección presidencial en Siria. Incluso reiteran que, en vez de ser los propios sirios quienes decidan democráticamente su propio futuro, son ellos –los países «Amigos de Siria»– quienes deben determinar, a través de negociaciones, el futuro de Siria.

El 16 de abril, el príncipe Bandar Ben Sultan es oficialmente liberado de sus funciones como consejero de Seguridad Nacional y jefe de los servicios secretos de Arabia Saudí. El rey Abdulá toma esa decisión con el respaldo del secretario de Estado John Kerry, quien castiga de esa manera la colérica reacción del príncipe contra Washington en el asunto de las armas químicas. El clan de los Sudairis, cuyo jefe es precisamente el príncipe Bandar, se ve obligado a obedecer. El reino se dedica entonces a poner orden en su dispositivo. El rey Abdulá ordena la liberación de los rehenes franceses y modifica la legislación del reino sobre la yihad. En lo adelante prohíbe a sus súbditos participar en la yihad en Siria y posteriormente decide que los que regresen al reino no serán encarcelados sino más bien acogidos como hijos pródigos.

El 20 de abril, una de las facciones de Al Qaida en Siria, el EIIS, libera 4 rehenes franceses secuestrados en Siria y los entrega a la policía turca. Oficialmente, son periodistas detenidos por Arabia Saudita (ahora se sabe que el EIIL está bajo las órdenes directas del príncipe saudí Abdul Rahman al-Faisal). Supuestamente, estos rehenes son liberados sin que se aporte nada a los secuestradores. Pero uno de los 4 rehenes parece ser miembro de los servicios secretos franceses y, según la revista alemana Focus, la liberación de los 4 implicó un financiamiento de 18 millones de dólares para el EIIL.

El 6 de mayo, Arabia Saudita arresta 62 miembros de Al Qaida acusados de preparar acciones contra varios dignatarios del reino.

La liberación de Homs

La negociación sobre la liberación de Homs comenzó a principios de marzo, o sea hace 2 meses. Se decidió concretarla del 7 al 9 de mayo. Los individuos armados y los civiles que los apoyaban, 2 250 personas en total, fueron autorizados a salir de la ciudad en autobuses. Podían llevarse armas ligeras y objetos personales. El documento precisa que las ventanillas de los autobuses utilizados en la evacuación debían tener cristales oscuros o cortinas que impidiesen ver a las personas evacuadas. Había un representante iraní a bordo de cada autobús. Las autoridades sirias garantizaron escolta policial hasta una zona rebelde situada unos 20 kilómetros al norte de Homs.

En Homs, ciudad que la propaganda de la OTAN y del Consejo de Cooperación del Golfo identifica como «el corazón de la revolución», se restableció por completo la autoridad de la República Árabe Siria sin más derramamiento de sangre. Al entrar en la parte antigua de la ciudad, los soldados sirios descubrieron varias fosas comunes donde los yihadistas lanzaban los cadáveres de sus víctimas.

Durante la retirada, cortinas y periódicos pegados a las ventanillas de los autobuses ocultaban los rostros de los combatientes a la curiosidad de los periodistas. Lo único seguro es que había entre ellos franceses, saudíes y algunos estadounidenses. Tuvieron que abandonar el armamento pesado. Tendrían que proseguir viaje para ser finalmente sacados de Siria a través de la frontera turca. El gobierno sirio se comprometió a no mencionar públicamente la presencia de oficiales extranjeros entre los combatientes evacuados. Pero eso es un secreto a voces para todos los periodistas que han conversado con los civiles.

La presencia de saudíes no resulta sorprendente. Pero sí lo es la de franceses y estadounidenses. París decía haber roto oficialmente sus contactos con los yihadistas presentes en Siria cuando intervino militarmente en Mali, contra otros yihadistas, en enero de 2013. En realidad no fue así. Los contactos sólo se hicieron más discretos. En cuanto a los estadounidenses, ya es harto conocido que acostumbran a dejar la barca en manos de sus aliados cuando ven que tienen el viento en contra. Pero estaban en Homs.

La interrogante que ahora se plantea es saber cuáles son las intenciones de la OTAN y del Consejo de Cooperación del Golfo. Todo parece indicar que se ha terminado la etapa de la guerra similar a la agresión que EEUU desató contra Nicaragua en los años 1980, quizás porque la República Árabe Siria logró resistir o porque ya se hace cada vez más difícil encontrar candidatos a participar en la yihad. Washington se replegaría entonces hacia una posición de simple respaldo a sus colaboradores sirios. Vista desde esa perspectiva, la liberación de Homs coincide con una escalada contra Damasco. 


Desde hace una semana, la capital siria está siendo blanco de una lluvia de obuses y cohetes que ha dejado numerosas víctimas. Pero la correlación de fuerzas en el seno de la población ya no deja lugar a dudas sobre el próximo desenlace de la guerra. Bashar al Assad será electo democráticamente, con el respaldo de una amplia mayoría de sus conciudadanos, el próximo 3 de junio y la guerra debería ir apagándose lentamente, en la medida en que su financiamiento está garantizado solamente hasta septiembre.

La campaña encabezada por Washington para que los yihadistas desistan de regresar a los países de la OTAN hace pensar que se les va a buscar alguna otra utilidad a esos individuos. Desde hace más de un año, Moscú está convencido de que la Federación Rusa será el próximo blanco de los occidentales. Y ha venido preparándose para ello, aunque ignora cuándo ha de producirse el impacto.

La liberación de Homs pone fin por demás a una fase del proyecto tendiente a poner los países árabes bajo la dominación de la Hermandad Musulmana. La cofradía se había convertido, desde 2007, en interlocutor privilegiado del Departamento de Estado, y Washington la puso en el poder en Turquía, Qatar, Túnez, Libia y Egipto, entre otros países, pero hoy está perdiendo terreno. Descrita en 2005, por el estadounidense Robert S. Leiken, como un movimiento de moderados capaces de gobernar un mundo árabe islamizado favoreciendo los intereses de EEUU, la Hermandad Musulmana ha sido rechazada –o lo está siendo– en cada país donde ocupa el poder.

Para terminar, la victoria del Estado sirio en Homs deja entrever la posibilidad de una rivalidad futura entre Irán y Rusia. Es evidente que si Washington confió en Teherán sobre ese tema es porque ambos gobiernos habían concluido antes un acuerdo global. Parece como si EEUU quisiera convertir nuevamente a Irán en gendarme de la región, un papel que ya tuvo en tiempos del Shah. De ser así, la ayuda militar iraní al Hezbolá, a la República Árabe Siria y los palestinos debería disminuir ligeramente. Y Teherán empezaría a empujar a sus aliados a aceptar una serie de compromisos. A cambio de ello, Washington le dejaría el campo libre en Iraq, en Siria y quizás en Líbano. El shiísmo, convertido desde los tiempos del Ayatolá Jomeini en una fuerza antiimperialista, sería entonces nuevamente nada más que un medio para Irán de reafirmar su identidad y ejercer su influencia, evolución que arruinaría los proyectos ruso-estadounidenses en la región.

Pero, ¿serán todavía válidos esos proyectos después de la crisis ucraniana?

Thierry de Meyssan – Red Voltaire

Source: Sitios Web 14-05-2014 -